lunes, 30 de enero de 2017

Amor

Y me preguntas qué es amor, con las manos manchadas de tinta y una lista borrosa de nombres sobre la mesa. Dejas todo lo que tenías en tus párpados caer y reposas las huellas de tus dedos sobre mi piel. Con tu mirada perdida en las musarañas.

Me dices si fue quizás lo que sentiste la primera vez que te enamoraste, con aquél chico con el que hablabas a diario y un día sin más dejaste de ver. Era gay, ¿lo recuerdas? Te obsesionaste con él.

Entonces te pierdes en recuerdos del pasado y rescatas al segundo de tu vida, aquél que te hizo sufrir durante demasiadas noches y en vano. Aquél que te destrozó solamente un poco por dentro, y que te demostró que en éste mundo quien no se aferra a un caso perdido es porque no quiere. Me dices que no, que lo olvide, que no sería él.

Recorres anhelos tan pasajeros como reales, con chicos en su gran mayoría que no eran de tu conveniencia. Chicos malos, pedantes y parguelas por excelencia.

Aterrizas en aquél que llamabas tu mejor amigo. Solamente era deseo. Así que no.

Te vas quedando sin opciones, y por fin llega el que fue el más duradero de todos los que hubo en tu vida. Llegas al que te hizo creer en el amor para toda la vida, en un despertar que podía repetirse infinitas veces en un mismo colchón bañándose por los primeros rayos de Sol de la mañana, desayunando besos y despedidas que recorrieran centímetro a centímetro vuestras bahías. Al Sol de Alicante, que calienta pero no tuesta. La arena es dulce y suave como la vida, y te sabe cómo nunca antes a felicidad. Llegas él y me dices: <<ya está, ya he encontrado lo que es el amor de verdad>>.

Te freno y refresco esa mente olvidadiza con unos cuantos nombres, que habrías preferido obviar. Ellos te llevan a pensar en el chico de cuero oscuro que te enamoró por su historia, y por su forma de ver el mundo. En el chico que recitaba contigo poesías a altas horas de madrugada. En el chico que junto a la lluvia y solamente contigo se desnudaba. El que compartía contigo instantes de momentánea felicidad abrazados en la cama, perdiendo las yemas de tus dedos entre su barba. En esa chica a la que deseas cuidar. Y en el último hombre que te ha hecho llorar.

Tus dedos se vuelven a enredar en las palmas de tus manos y ahora parece que te has desprendido del miedo a mirar. Diriges tus ojos a mí, fijamente. Y me preguntas si el amor es múltiple, es plural. Me preguntas si el amor no es por casualidad un despertar a veces en casa de una persona y a veces en casa de otra, y otras en la tuya. Si el amor no tiene suficiente luz como para bañar con sus delicados rayos solares a más de un lugar. Si puede ser que el beso que diste en la estación, cada palabra que dejaste caer en tus textos escritos en lágrimas o los anhelos que escondes tras tu mirada compongan ya de por sí solos el gran concepto que es el amor, tan universal. Me preguntas, con voz tímida y entrecortada, y ahora con una expresión mucho más seria que antes, si no será que amor eres tú, y todo lo que se desprende de ti. Y nada más.

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