Sabes?
Digo que soy poliamorosa, cuando todo lo que soy es una
persona
A quién le fascina la vida y las personas,
La naturaleza, el amor y la alegría, la tristeza y la
abstracción,
Las emociones, sean las que sean, y nuestras interacciones
con todo lo que nos rodea.
Entienden que me gusta tener sexo con muchas personas, pero
se quedan en la superficie de lo que eso conlleva. Desprecian la verdad que se
oculta tras esa simple afirmación.
Y es que creo en el amor por encima de todas, todísimas la
cosas. Creo que es el único bien que, conforme en más añicos se hace, más se
reproduce en los corazones de las personas. Creo que es lo que nos hace ser
humanos, da sentido a nuestra racionalidad y a todas las cosas que creamos y
hacemos día a día. Creo que es algo que te quema si te lo guardas para ti solo
y algo que no puedes contener en una zona delimitada. Creo en el amor en el
sentido amplio de esa palabra. En los besos, los abrazos, las sonrisas
entrecruzadas y las risas interminables, las miradas juguetonas y los gritos en
silencio que terminan convirtiéndose en caricias casuales y delicadas en manos
ajenas, en recorridos eternos en los brazos de alguien con las yemas de los
dedos, en besos en las orejas, en los párpados y en narices congeladas del frío
exterior. Masajes corporales, faciales y ¿por qué no? En los pies también.
Besos en los tobillos, en las uñas de los dedos y en el cuello de él, o de
ella, pues el amor tampoco entiende de sexos. Follar, como animales, o hacer el
amor, o una combinación de ambos cuál bombón con relleno de dulce de leche.
Nunca antes nuestros instintos primarios habían tenido tanto sentido. Nunca
antes habíamos sido tanto nosotros mismos hasta ahora. Nuestro alma primaria
despierta con el olor de su piel, con su voz a centímetros de nuestro tímpano
sonando de forma suave, con el tacto de unas manos ajenas en nuestro rostro, en
nuestro pelo, en nuestra piel sin excepción. Algo dentro despierta y sentimos
que todo está bien. Lo de afuera y lo de adentro. Sin más.
No hay nada más que valga la pena pensar.