lunes, 28 de noviembre de 2016

Poliamor

Sabes?
Digo que soy poliamorosa, cuando todo lo que soy es una persona
A quién le fascina la vida y las personas,
La naturaleza, el amor y la alegría, la tristeza y la abstracción,
Las emociones, sean las que sean, y nuestras interacciones con todo lo que nos rodea.

Entienden que me gusta tener sexo con muchas personas, pero se quedan en la superficie de lo que eso conlleva. Desprecian la verdad que se oculta tras esa simple afirmación.

Y es que creo en el amor por encima de todas, todísimas la cosas. Creo que es el único bien que, conforme en más añicos se hace, más se reproduce en los corazones de las personas. Creo que es lo que nos hace ser humanos, da sentido a nuestra racionalidad y a todas las cosas que creamos y hacemos día a día. Creo que es algo que te quema si te lo guardas para ti solo y algo que no puedes contener en una zona delimitada. Creo en el amor en el sentido amplio de esa palabra. En los besos, los abrazos, las sonrisas entrecruzadas y las risas interminables, las miradas juguetonas y los gritos en silencio que terminan convirtiéndose en caricias casuales y delicadas en manos ajenas, en recorridos eternos en los brazos de alguien con las yemas de los dedos, en besos en las orejas, en los párpados y en narices congeladas del frío exterior. Masajes corporales, faciales y ¿por qué no? En los pies también. Besos en los tobillos, en las uñas de los dedos y en el cuello de él, o de ella, pues el amor tampoco entiende de sexos. Follar, como animales, o hacer el amor, o una combinación de ambos cuál bombón con relleno de dulce de leche. Nunca antes nuestros instintos primarios habían tenido tanto sentido. Nunca antes habíamos sido tanto nosotros mismos hasta ahora. Nuestro alma primaria despierta con el olor de su piel, con su voz a centímetros de nuestro tímpano sonando de forma suave, con el tacto de unas manos ajenas en nuestro rostro, en nuestro pelo, en nuestra piel sin excepción. Algo dentro despierta y sentimos que todo está bien. Lo de afuera y lo de adentro. Sin más.

No hay nada más que valga la pena pensar.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Peso

El pesar nunca ha sido lo mío. A veces peso de menos, a veces de más. A veces pierdo la cuenta de los gramos cuando me paso del quilo, y a veces desde el principio se me olvida contar. Peso demasiado cuando intento igualar, y me sobrepaso al tratar de aligerar. El peso de las cosas a veces me hace llorar. La forma de pesar de las personas, me llega a exaltar. Algunos pesan de más, y otros de menos. Algunos parecen ocupar más volumen de lo que pesan, y otros sin medidas prefieren pasar. El peso de las verdades debería bastar, pero la triste realidad es que el de las mentiras  acostumbra a ganar. Y después de tanto peso y tanta báscula te rindes, y te das cuenta de que nada es igual.

De que no puedes medir tus sentimientos por las personas, y que está mal socialmente comprendido el querer más de una unidad.

De que no puedes medir tus palabras, sin limitar tu forma de sentir y de pensar.

De que no puedes medir las acciones que emprenden en tu contra, pues partes del prisma de tu subjetividad.

De que no puedes medir el peso de las verdades, ni identificar las mentiras al azar.

De que únicamente puedes fiarte de tus instintos, de lo que dicten tus emociones, de tu forma de andar. De lo rápido que fluyan tus pasos en una compañía en particular. Del sabor de los besos cada vez sin igual. Del brillo de las miradas, el calor de las manos y las muecas al hablar. Ningún barómetro será capaz nunca de estimar el peso que tienen unos sentimientos en un corazón en particular. Para ello te debe bastar todo lo anteriormente mencionado y tu criterio sagaz.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Poemas

Te arrastras. Reúnes los vocablos que se desprenden de tus fauces con una prisa caracterizadamente primaria. Con alegría y con hervor. Con lágrimas a punto de caramelo y con la locura propia del desamor. Arrastras todas tus letras, tus vocales y tus rimas, las llevas lenta y continuadamente por el camino de tierra, por el fango más sucio, por la hierba más verde, por los saltos de piedra. Tu sentir no responde, tu mirada se asombra ante las nubes que parecen perturbar tu conciencia. Tus labios musitan palabras que no logras entender. Tu frente grita muy alto, muy fuerte, palabras que ya no puedes contener. Será que si que querías algo. Será que buscabas amor, con orgullo tras cada abrazo y pesadez en cada uno de tus párpados. Será que cuando le cerraste la puerta te quedaste adentro sin querer. Que la llave que lanzaste por la ventana era el arma de doble filo con el que tu vida debías labrar. Será que tus pensamientos te engañaron, nublaron tu conciencia y te condenaron a gritar con la mirada para siempre más.

Gritas rabia, gritas impotencia. Gritas egocentrismo, gritas carencias.

Gritas tu ego, tu fórmula mágica para empeorar, tus dichas más características, tu don que contrariamente cualquier día de éstos te va a condenar.
Gritas que no quieres, que lo que reclamas es algo normal. Algo libre, algo fuerte, algo normal. Algo corpóreo, algo físico, algo moral. Algo extraplanetario, algo importante, algo fenomenal. Algo tuyo, algo suyo, algo nuestro, algo especial. Algo ni tuyo ni mío, algo de los dos. Algo no solamente mío. Algo que no sea solamente yo. Ni tú ni yo. Gritas que buscas algo, algo mágico e incorpóreo, algo volátil y fugaz. Algo feroz y ardiente, algo llamativo y brillante como lo que más. Y gritas tus ganas alzando tu mente al aire, liberando a tus entrañas del peso de su conciencia, a tu frente del calor de su refugio, a tus sesos del frío de la mediocridad. Tus pensamientos ahora danzan con la mentira y con la verdad, con lo permanente y lo fugaz, con la idea y la materia, con el tiempo, la persona y el lugar.
Tus ojos, todavía abiertos, viajan hacia sus adentros, pues prefieren no mirar.
Tu lengua inquieta recorre las huellas de la piel del jaguar. Tus manos rocían cada una de sus raíces con la misma esperanza del ignorante y la inquietud tan propia del debutante. Tus pies se pierden entre sus ramas de belleza incorpórea. Tus senos viajan por entre sus hojas marchitadas, devolviendo la vida a cada lúpulo, a cada fruto, a cada rosa. Tus labios dibujan la sonrisa de la victoria en su faz.

Tus ojos, todavía abiertos, niegan aceptar dicha realidad. Se pierden muy en lo hondo, danzan, se mueven dando tumbos, y se esconden en lo más sombrío del lugar. Hechos un ovillo en tu estómago descansan tus remordimientos y tu fe en la humanidad. Tu sonrisa sincera y que no espera nada a cambio y tu auténtica vitalidad.

sábado, 5 de noviembre de 2016

Alma

Saca a pasear tu alma,
no dejes que el polvo forme costra.
Saca al brillo de la luz del día
la luminosidad de tu mirada inquieta y curiosa.
Bota de alegría, abre tu corazón en canal y siente como la vida,
el tiempo y las personas van dejando su firma en él.
Siente, llora, ríe y ama sin temor.
Corre, detente y respira cuando tu instinto de superviviente así lo dicte.
Guíate por tu naturaleza, por tus instintos, por tu corazón.
Cree en todo lo que eres, y sé todo lo que crees y nada menos que ello.
Pronto los demás entenderán el tipo de persona que eres.
Algunos, los más ajenos, se distanciarán de ella.
Los más símiles se acercarán, por el contrario.
Lo importante, al final de todo, no será lo sola o acompañada que estés.
Sino que tu corazón, abierto en canal, gozará de la satisfacción de saber a qué sabe la vida.
Y tu alma, tu alma juguetona, contará con la felicidad y la sabiduría de una alma libre, vivaz, sincera, salvaje e incorruptible.
Saca a pasear tu alma pasajera,
todo el tiempo en que se lo niegues, será tiempo que lanzarás para siempre a la hoguera.