miércoles, 16 de noviembre de 2016

Poemas

Te arrastras. Reúnes los vocablos que se desprenden de tus fauces con una prisa caracterizadamente primaria. Con alegría y con hervor. Con lágrimas a punto de caramelo y con la locura propia del desamor. Arrastras todas tus letras, tus vocales y tus rimas, las llevas lenta y continuadamente por el camino de tierra, por el fango más sucio, por la hierba más verde, por los saltos de piedra. Tu sentir no responde, tu mirada se asombra ante las nubes que parecen perturbar tu conciencia. Tus labios musitan palabras que no logras entender. Tu frente grita muy alto, muy fuerte, palabras que ya no puedes contener. Será que si que querías algo. Será que buscabas amor, con orgullo tras cada abrazo y pesadez en cada uno de tus párpados. Será que cuando le cerraste la puerta te quedaste adentro sin querer. Que la llave que lanzaste por la ventana era el arma de doble filo con el que tu vida debías labrar. Será que tus pensamientos te engañaron, nublaron tu conciencia y te condenaron a gritar con la mirada para siempre más.

Gritas rabia, gritas impotencia. Gritas egocentrismo, gritas carencias.

Gritas tu ego, tu fórmula mágica para empeorar, tus dichas más características, tu don que contrariamente cualquier día de éstos te va a condenar.
Gritas que no quieres, que lo que reclamas es algo normal. Algo libre, algo fuerte, algo normal. Algo corpóreo, algo físico, algo moral. Algo extraplanetario, algo importante, algo fenomenal. Algo tuyo, algo suyo, algo nuestro, algo especial. Algo ni tuyo ni mío, algo de los dos. Algo no solamente mío. Algo que no sea solamente yo. Ni tú ni yo. Gritas que buscas algo, algo mágico e incorpóreo, algo volátil y fugaz. Algo feroz y ardiente, algo llamativo y brillante como lo que más. Y gritas tus ganas alzando tu mente al aire, liberando a tus entrañas del peso de su conciencia, a tu frente del calor de su refugio, a tus sesos del frío de la mediocridad. Tus pensamientos ahora danzan con la mentira y con la verdad, con lo permanente y lo fugaz, con la idea y la materia, con el tiempo, la persona y el lugar.
Tus ojos, todavía abiertos, viajan hacia sus adentros, pues prefieren no mirar.
Tu lengua inquieta recorre las huellas de la piel del jaguar. Tus manos rocían cada una de sus raíces con la misma esperanza del ignorante y la inquietud tan propia del debutante. Tus pies se pierden entre sus ramas de belleza incorpórea. Tus senos viajan por entre sus hojas marchitadas, devolviendo la vida a cada lúpulo, a cada fruto, a cada rosa. Tus labios dibujan la sonrisa de la victoria en su faz.

Tus ojos, todavía abiertos, niegan aceptar dicha realidad. Se pierden muy en lo hondo, danzan, se mueven dando tumbos, y se esconden en lo más sombrío del lugar. Hechos un ovillo en tu estómago descansan tus remordimientos y tu fe en la humanidad. Tu sonrisa sincera y que no espera nada a cambio y tu auténtica vitalidad.

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